Día 41: Un Atardecer
- Papyruz
- 20 may 2021
- 1 Min. de lectura
Era tarde y lo sabíamos, jamás pensé en escuchar el sonido del silencio y sentir la presencia de la noche tocar mi espalda. Faltaban dos kilómetros o un poco menos para llegar a esa posada.
Pero en la inmensa sabana, allí en donde se puede tocar el cielo, te vi. ¿Por qué están sentados esos niños en lo alto de la colina?.
Me pude imaginar que observaban con admiración a lo que ellos llamaban el dedo de Dios, pero esa no era la respuesta a la pregunta. Cada día, se sentaban deseosos y llenos de alegría en esa colina para agradecer tu presencia.
El contraste de colores en el cielo y la belleza de tus elementos te hacían único y poderoso. Anunciabas la despedida del día y nos regalabas lo mejor en una imagen.
Poco a poco te dejaste ir, quedando enmarcado como un hermoso recuerdo en nuestra memoria.
Gracias por eso, por tus contrastes maravillosos, y por transmitir alegrías entre tus espectadores.
Desde que te vi, te busco y espero al final de mis días.
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