Día 45: A la injusticia
- Papyruz
- 23 may 2021
- 4 Min. de lectura
Hola Sra,
Creo que siempre había escuchado de ti pero no había tenido la desdicha de observar tu presencia tan de cerca, y menos abriendo tus plumas cuál pavo real. Fue como si de repente, el domo que me protegía se hubiese destrozado en mil pedazos.
No recuerdo bien la fecha, pero si cada una de las cosas que me hicieron abrir los ojos y darme cuenta que la solución no era enfrentarte, lo mejor es evitar encontrarse contigo.
Puedes destrozar familias completas y acabar con vidas en un abrir y cerrar de ojos. Eres detestable y estás rodeada de personas peligrosas, ni las moscas merecen tu respeto.
Ese día recibimos una llamada porque mi hermano había tenido un accidente en su auto. Lo chocaron en un cruce, por la puerta del copiloto mientras esperaba el cambio de luz (afortunadamente recién venía de dejar a un compañero de trabajo que vivía a dos horas de su casa), tenía el cinturón de seguridad puesto y no salió lesionado.
La misma camioneta que lo chocó impacto a otro auto de la calle y lo estrelló contra un muro. Una señora y sus dos hijos, uno de los niños salió lesionado y fue auxiliado posteriormente por una ambulancia.
La camioneta en cuestión se dio a la fuga, pero a escasos metros se le desinfló un neumático y no le dio tiempo repararlo para seguir en su idea de escapar sin asumir su culpa. Todo esto ocurrió a una cuadra de tránsito y a menos de un kilómetro de una comisaría.
¿Cuál es la razón de escribirte esta historia tan larga?. La razón es, que no había tenido la oportunidad de escribirla, quiero que no se me olvide, y las veces que pueda la contaré porque quiero que vean de lo que eres capaz.
Para cuando llegamos a donde estaba mi hermano, el personal de tránsito se encontraba haciendo el levantamiento del accidente y los autos afectados fueron colocados en unas grúas, mientras realizaban las declaraciones correspondientes. El Señor que ocasionó el accidente fue el menos afectado, y estaba declarando que la culpa era de mi hermano, situación que fue desmentida por muchos de los testigos presentes.
En este momento hiciste acto de presencia, y te vi. El señor culpable pago una suma de dinero y se fue muy tranquilo a su casa en su camioneta, mientras que mi hermano y la otra señora afectada tenían que esperar el informe para poder retirarse. Luego apareciste otra vez, en ese momento en que mi hermano quizo llevarse su auto y le pidieron de manera intimidante y delictiva una suma exagerada por bajar el auto de la grúa.
El se negó a pagar esa cantidad de dinero y los señores de la grúa dijeron que se llevarían los autos. O pagas o no vez el auto más, le dijeron. Todo esto pasó en las narices de la que se suponía era la autoridad.
Se llevaron los autos y la respuesta del personal de tránsito además de encogerse de hombros, fue que debíamos ir a poner una denuncia por robo de vehículo en la comisaría más cercana.
Respiramos profundamente y fuimos a la comisaría a colocar la denuncia. Mientras esperaba a mi hermano sentada afuera, pude verte nuevamente. Observe cómo un auto sin placa nos estaba vigilando ( eran los señores de la grúa y su gente), luego mi vista dejo de seguirlos y los perdió cuando me fijé en un delincuente que traían unos policías.
Al entrar en la comisaría, el delincuente entregó todos los objetos de valor robados y le entregaron un arma. Salió muy tranquilo por la puerta, casi que tropezó conmigo y continuó su camino en medio de la calle oscura ( en este punto no podía creer lo que estaba viendo).
Pensé que ya era suficiente, pero volviste aparecer ( y no habían pasado 20 minutos desde que estaba allí).
Mientras le contaba al policía como se robaron los autos en nuestras narices, llegó un señor en un Jeep escoltado por seis militares.
Antes de entrar a la comisaría, se detuvo a escuchar la historia que le estaba comentando al policía. Le decía que un vehículo sin placa nos estaba vigilando mientras poníamos la denuncia.
En ese momento el señor que venía escoltado, se sobresalta y me dice un poco alterado, que ese vehículo no nos estaba vigilando a nosotros, que lo estaban esperando a él, porque le hicieron lo mismo.
Luego me dijo que nos daba un consejo: Paguen para que le regresen el auto, porque si no lo hacen va a ser peor, le desvalijarán el auto y tendrán que andar escoltado como yo para estar tranquilos. Así que paguen.
No lo podía creer. Mi domo protector quedó destrozado, me daba asco verte por todos lados, quería teletransportarme y desaparecer de tu presencia en ese momento.
Mi reacción inmediata fue ver al policía, y recibí la siguiente respuesta: Escucha la voz de la experiencia (mientras, mis ojos se detenían en esa sonrisa malisiosa de complicidad descarada y delictiva).
Mis padres, mi hermano y yo, no dijimos más nada. Nos fuimos para evitar una desgracia. A veces es mejor alejarse de tanta maldad, aunque no siempre se puede estar en el sitio adecuado.
Antes de salir tuve que esquivar a un señor pasado de tragos que entro con una navaja a la comisaría. Esa noche no dormí bien, mi mente se aseguró de guardar bien en mi memoria cada detalle, y desde entonces me das asco.
Atentamente,
Calimero
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